El amor no muere cuando se marchan, sino cuando lo hacemos los que los hemos amado.
¡Te quiero, os quiero!
Mil caballos desbocados
relinchan en la noche,
en tu mirada como vacía y ausente;
arañan el alma con surcos que sangran en silencio,
que llenan de dolor, de ausencia no ansiada
y deseada.
No es justa la vida contigo,
demasiadas heridas en tu corazón
a lo largo de ella.
Solo Dios sabe, quizás por ello,
como nace la calma
en el manantial de tu pecho.
