Se fue la luz,
la luz de los días abiertos,
de largos paseos,
de sueños reales.
Se fue la luz
y, aún así,
la luz persiste,
persiste en los anhelos,
en la esperanza,
en el largo pasillo, que no lo es,
pero nos lo parece.
Porque allá, al final, siempre, siempre
a través del balcón,
o una simple ventana,
está el faro que nos alumbra,
aun con los ojos cerrados.
