8 de Febrero 2013
Un viento frío de invierno
altera la quietud de las hojas.
Una vez más se levantan
de la monotonía,
demasiado para la tibia piel,
que cálida,
se resguarda tras finas capas.
Los cristalinos,
azules o marrones,
se alteran y humedecen
en iris de tormentas.
Los arcos se desvanecen
deshaciendo porches que,
aunque aireados, resguardaban.
Solo el brillo de la luna y las estrellas,
dan luz más allá de las cercanas oscuridades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario